Los países europeos con impuestos bajos, a favor de la tasa global de Biden.

A pesar de que saldrán perdiendo, los países con bajos impuestos responden de forma positiva a los planes de la Administración Biden

Se trata de una reforma radical del Impuesto sobre Sociedades.

Los países europeos con bajos impuestos han respondido de manera positiva a los planes de la Administración Biden de llevar a cabo una reforma radical del Impuesto sobre Sociedades a nivel mundial, a pesar de que saldrán perdiendo, pero han advertido que las negociaciones sobre muchos aspectos del plan serán muy duras

La propuesta, presentada la semana pasada, pretende poner fin al punto muerto en el que se encuentran las conversaciones globales sobre el tema auspiciadas por la OCDE. Daría a los países el poder de aumentar el impuesto de sociedades a los gigantes tecnológicos estadounidenses y a otras grandes multinacionales e impondría un impuesto de sociedades mínimo mundial a las empresas. Esto supondría un duro golpe para Irlanda, Holanda, Luxemburgo, Malta y Chipre, países donde tienen sus sedes fiscales muchas de las mayores empresas del mundo y que defienden con contundencia su derecho a fijar el impuesto de sociedades al nivel que deseen.

A pesar de ello, Dublín se ha mostrado “a favor de un acuerdo que aporte estabilidad al marco fiscal internacional”, mientras que Hans Vijlbrief, ministro de Economía de Holanda, ha declarado que el plan de Biden es un “gran paso adelante hacia la consecución de soluciones globales y normas eficaces”.

Las principales economías europeas llevan mucho tiempo quejándose de la facilidad con la que las mayores multinacionales del mundo pueden canalizar sus beneficios a las jurisdicciones de baja carga fiscal, porque de esta forma no recaudan impuestos de estas empresas. Por otra parte, para aplicar un nuevo impuesto en la UE es necesario el acuerdo unánime de los 27 Estados miembros, y los países que protegen ferozmente sus derechos fiscales pueden vetarlo, como ocurrió en 2018 con los planes de un impuesto europeo a las empresas tecnológicas. Este año, varios países como Irlanda, Malta y Luxemburgo se opusieron en principio a la propuesta de la UE de obligar a las multinacionales con más de 750 millones de euros de facturación anual a informar de los beneficios y los impuestos que pagan en todos los Estados miembros de la UE. 

La propuesta aún se está negociando y es considerada por sus defensores como un primer paso para conocer la magnitud de la evasión fiscal en Europa. Los ataques legales de Bruselas a los acuerdos fiscales “de conveniencia” entre Gobiernos y gigantes corporativos han tenido resultados dispares. La Comisión Europea sufrió una vergonzosa derrota el año pasado cuando el Tribunal General de la Unión Europea anuló su decisión de obligar a Apple a devolver 14.300 millones de euros en impuestos impagados al gobierno irlandés. La Comisión va a apelar el veredicto. Todo esto explica por qué las propuestas de Washington han sido acogidas con relativa satisfacción: el acuerdo que se está negociando a través de la OCDE abarcaría a 135 países y a todas las mayores empresas del mundo, lo que de hecho le quitaría la labor a Bruselas. Paolo Gentiloni, comisario de Economía de la UE, se ha mostrado a favor de la iniciativa de EEUU y ha afirmado que la mejor solución es un nuevo conjunto de normas fiscales mundiales para los gigantes digitales. Sin embargo, Gentiloni ha señalado que los planes de EEUU “no son exactamente iguales” que los de Europa. Eso deja mucho margen de disputa sobre los detalles de cómo se aplicaría el sistema. La mayor batalla probablemente será sobre el Impuesto sobre Sociedades mínimo a nivel mundial. 

El plan de Washington propone que sea del 21%. Los impuestos de Holanda y Luxemburgo son mayores, pero el de Irlanda es del 12,5%. A este respecto, el Ministerio de Economía de Irlanda ha recalcado que “los países pequeños, como Irlanda, necesitan poder utilizar la política fiscal como una arma legítima para compensar las desventajas que tienen con respecto a los países más grandes en términos de escala, recursos y ubicación.